España, Miércoles 16 de Abril de 2014
 
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EL HAMBRE CRONICA PUEDE DEGENERAR MUY PRONTO EN UNA ENFERMEDAD


Por Andrew Tomkins, para Acción contra el Hambre


Andrew Tomkins, uno de los nutricionistas con mayor experiencia en el ámbito de la desnutrición aguda, ha dirigido el Centre for International Child Health de Londres y trabajado como consultor para la Organización Mundial de la Salud, UNICEF y el Banco Mundial. Desde 2003 miembro del Comité Científico Internacional de Acción contra el Hambre, nos describe la fisiopatología del hambre, explicándonos el proceso que hace que la falta de alimentos en el organismo desemboque en una enfermedad.

¿Qué significa tener hambre?

Cuando alguien dice “tengo hambre” puede querer decir dos cosas. La más habitual en nuestros países quiere significar simplemente que alguien que no ha comido siente hambre. Pero en muchos países del planeta tener hambre es padecer hambre de manera crónica. En el primero de los casos se trata sólo de un hambre a corto plazo, mientras que en el segundo se trata de un problema a corto, medio y largo plazo, relacionado muchas veces con la poca disponibilidad de alimentos pero también con la falta de acceso a alimentos disponibles por culpa de la pobreza.

¿Puede el hambre llegar a ser una enfermedad?

No lo es por definición pero puede llegar a serlo si no damos al cuerpo los alimentos que necesita. La sensación habitual de hambre es simplemente una respuesta de tu organismo cuando está necesitando alimento. Es una respuesta fisiológica.

Pero es distinto cuando el hambre es crónica. En estos casos el cuerpo desarrolla mecanismos de adaptación a corto plazo pero también problemas en órganos específicos como los riñones, el intestino y por último el corazón. La falta de alimentos lleva a una pérdida de peso y por tanto a una pérdida de proteínas en los riñones, en el hígado, en los músculos, en el cerebro…

La primera fase de este proceso patológico es una etapa química en la que interviene el sistema endocrino, produciendo, por ejemplo, niveles anormales de insulina o de cortisona. Normalmente en sólo 48 horas desarrollas cuerpos cetónicos, ácidos que el cuerpo produce cuando has quemado tus reservas de glucosa. Estas reservas suelen quemarse en las primeras 24 horas sin alimento. Después de tu glucosa quemas tu grasa y en este momento es cuando se producen los cuerpos cetónicos. En la tercera fase es cuando entras realmente en un déficit nutricional. Hasta ahora has quemado tu glucosa, después tu grasa y ahora es cuando empiezas a quemar tus proteínas, porque los aminoácidos son creados por los tejidos y ahora empiezan a estar quemados y oxidados, de manera que comienzas a perderlos de tus riñones, el hígado, los músculos, el cerebro… en este momento tu sistema inmunitario deja de funcionar correctamente.

¿Se trata de un proceso reversible o un estado de desnutrición arrastrará consecuencias en el futuro?

Ésta es una pregunta interesante. No hay duda de que la desnutrición en los primeros años de vida y en la infancia tiene un impacto en el desarrollo intelectual cuando se es joven. Estudios recientes demuestran el fuerte impacto de una alimentación sana en la inteligencia y en la conducta psicosocial cuando se es joven. No hay duda de que la desnutrición y otras formas de malnutrición como son el déficit de hierro conllevan un daño intelectual irreversible.

¿Cree que los gobiernos abordan suficientemente el problema de la desnutrición cuando diseñan políticas de salud públicas?

Normalmente los gobiernos se centran sólo en cosas con efectos inmediatos. Tratan de paliar, por ejemplo, los efectos últimos del hambre tales como las infecciones gastrointestinales, la tuberculosis, la malaria, los ataques de corazón… pero raramente tienen en cuenta los factores subyacentes. Muy pocas veces consideran que la desnutrición comienza desde antes de nacer, ya que la mala alimentación de una mujer embarazada provocará bajo peso al nacer de su bebé y le predispondrá así a una muerte prematura. Los gobiernos suelen tener una comprensión muy limitada de los problemas nutricionales. Creen que la gente se muere de diarrea, malaria o diabetes… pero sólo ven la desnutrición en las grandes hambrunas. En segundo lugar, las intervenciones para enfrentar la desnutrición requieren respuestas más complejas, que van más allá de una campaña de vacunación o de la distribución de medicamentos. Se trata en realidad de un problema complejo de salud pública, y los gobiernos suele huir de las cuestiones complejas.

¿Cuál debe ser la base para incluir la nutrición en las políticas públicas?

La base debería ser el reconocimiento de que la nutrición contribuye de forma determinante a la salud infantil y adulta. Éste es un hecho frecuentemente olvidado pese a que la Organización Mundial de la Salud constata que el 50% de la mortalidad infantil se produce por enfermedades relacionadas con la desnutrición.

¿Otras pandemias como el sida tienen un impacto determinante en la desnutrición?

Hoy día no cabe duda de que el VIH tiene un profundo impacto en la desnutrición, por dos razones. En primer lugar, el sida hace perder muy pronto el apetito y provoca muy pronto un estado de hambre crónica. En segundo lugar la desnutrición, antes considerada un problema económico o político, se ha visto gravemente agravada por el virus. El virus está teniendo no solo un impacto nutricional entre los afectados sino un efecto mucho más amplio en la seguridad alimentaria de millones de hogares, que tienen que dedicar cada vez más su precarios ingresos al cuidado de los enfermos y que están perdiendo fuerza productiva para cultivar sus campos.

Por ultimo ¿qué recomendaciones haría a cada país para enfrentar la desnutrición?

En primer lugar cada país tiene que evaluar el alcance del problema. También es necesario determinar en qué medida la desnutrición está afectando a la mortalidad infantil y adulta. Por último cada país tiene que diseñar sus intervenciones de respuesta. Éstas deben descansar sobre tres ejes: la seguridad alimentaria (acceso a los alimentos en cada hogar), la reducción de la carga infecciosa de la desnutrición infantil y el cuidado de los individuos y familias afectadas por la desnutrición. Los gobiernos deben considerar este ciclo de tres factores en sus políticas económicas y sociales.

Más información en la página web:
www.accioncontraelhambre.org/alai.php?p=1115


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